Era octubre del año 2018, cuatro años atrás me habían diagnosticado pólipos en las cuerdas vocales. Debido a ello, cada vez que padecía alguna afección respiratoria, mi voz prácticamente desaparecía y solo podía hablar en un susurro.
En aquellos días se acercaba la verbena del día central del Señor de los Milagros en Huacho.
Fue entonces cuando la Banda de Música Nueva Generación me hizo una invitación para acompañarlos en una retreta de marchas procesionales que se realizaría en honor al Señor de los Milagros de Huacho.
Acepté acompañarlos, pero en ese momento me encontraba padeciendo una bronquitis aguda que ya estaba siendo tratada. Sin embargo, debido a mis problemas en las cuerdas vocales, cantar era prácticamente imposible. Justamente en los días en que recibí la invitación me encontraba en uno de los momentos más críticos de la enfermedad.
Aun así, acepté ponerme al servicio de la banda y, sobre todo, poner todo en manos del Señor.
Recuerdo que durante los ensayos previos yo solamente escuchaba a la banda y trataba de acomodar mi voz, que apenas era un susurro, a los tiempos, los compases, la melodía y las notas de la música. Era plenamente consciente de que no podía cantar.
Horas antes de aquella presentación incluso me había tocado cantar en una misa y prácticamente no tenía voz. Si no hubiera sido por un compañero que me auxilió, no se me habría escuchado absolutamente nada. Y, así llegó el momento.
Faltaban apenas unos minutos para la presentación junto a la Banda de Música Nueva Generación. Aquella noche, además, tendría lugar el estreno, a nivel de Huacho, de la canción del padre Aicardo titulada “Oh Señor de los Milagros”.
Recuerdo claramente que, antes de salir, me escondí «dentro del templo». Allí, en silencio, solamente rogaba a mi estampita del Señor de los Milagros que, por favor, me devolviera la voz, aunque fuera solamente por aquel momento. Tenía mucho miedo y mucha angustia, pero al mismo tiempo tenía una enorme fe. Confiaba en que el Señor escucharía mis súplicas. Y llegó el momento de la presentación. Cuando anunciaron que iba a acompañar cantando aquella canción junto a la Banda de Música Nueva Generación, ocurrió algo que hasta el día de hoy llevo profundamente grabado en mi corazón. Milagrosamente, comencé a cantar.
Mi voz se escuchaba como si no tuviera ninguna afección, como si estuviera completamente sano. Aquello era algo que, humanamente, yo no podía explicar. De pronto, dentro de mí sentí algo muy extraño, algo difícil de describir con palabras. Era como si mi cuerpo estuviera completamente abrazado por un calor que me transmitía muchísima fuerza, pero al mismo tiempo una profunda tranquilidad. Y mi voz seguía fluyendo.
Llegó un momento de la canción en que mi voz comenzó a quebrarse. Pero ya no era por la enfermedad. Era por la emoción, por la alegría y por la inmensa gratitud que sentía hacia el Señor. Terminó la canción. La banda hizo un cierre fabuloso y, cuando las personas comenzaron a reconocer y valorar el trabajo de los músicos y también el de este humilde servidor, no pude contener las lágrimas. Rompí en llanto, pero no era un llanto de tristeza. Era un llanto de agradecimiento. Un agradecimiento profundo, constante e inmenso por aquella gracia que, para mí, el Señor había realizado en ese momento.
En los días siguientes, mi voz continuó restableciéndose. La bronquitis que padecía fue mejorando casi por completo y pude volver a cantar sin los problemas que había tenido.
Desde aquel día, cada vez que le canto al Señor, incluso cuando tengo alguna afección respiratoria, una gripe, una bronquitis o cualquier otro problema que pueda afectar mi voz, cuando estoy frente a Él siento que no tengo dificultades para cantarle. Es como si, cuando estoy frente al lienzo divino del Señor de los Milagros, mi voz —o quizá yo mismo— se transformara en otra persona. No sabría explicar detalladamente qué es lo que ocurre. Solo sé que lo que siento es maravilloso.
La gratitud y el amor hacia el Señor de los Milagros están siempre presentes en mi corazón. Sé que Él me acompaña, que no me defrauda y que cuida de mi familia, de nuestra salud y de nuestra integridad.
En agradecimiento he compuesto 3 canciones en su honor, y cada vez que Él toque directamente mi corazón sé que irán fluyendo más letras para darle Gloria a Él, y mediante su nombre Santo también a nuestro Divino creador.
Por eso, mediante este relato, quiero simplemente dar gracias. Gracias, Señor de los Milagros, por aquella gracia que tuviste conmigo aquel día. Gracias por escuchar mis súplicas cuando mi voz ya no podía responder. Gracias por darme fuerzas cuando sentía que no podía cantar. Gracias por permitirme servirte con aquello que más amo. Y gracias, sobre todo, por hacerme sentir que nunca estoy solo, porque sé que caminas conmigo, que proteges a mi familia y que tu amor permanece siempre presente en nuestras vidas.
Gracias, Señor de los Milagros, por aquel día y por todos los días que vendrán.
Amén.
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